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April 11, 2022
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Reseña de «Cómo dinamitar un oleoducto» (Errata Naturae, 2022), Andreas Malm

Tras varios años de pandemia que han desmovilizado considerablemente al movimiento climático, se hace necesario repensar las estrategias y las tácticas políticas que deben ponerse en marcha para evitar el desastre planetario. Andreas Malm nos invita con audacia a considerar el boicot de las infraestructuras de la economía fósil como parte fundamental del ejercicio de presión que el movimiento tendría que ejercer sobre unos gobiernos sumisos ante el colapso climático.

En su obra más reciente, El Ministerio del Futuro, el escritor norteamericano Kim Stanley Robinson nos presenta un escenario que caracteriza como verosímil: en 2025, habiéndose comprobado por enésima vez que los acuerdos internacionales para la limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero no se respetan y que incluso siguen aumentando, se crea una suerte de ministerio con sede en Zúrich cuyo objetivo principal es defender los derechos de los seres vivos y de las generaciones futuras, aquellas que todavía no existen pero que merecen como cualquiera poder desarrollar una vida digna en el planeta. Para ello, resulta sin duda imperioso abordar radicalmente la emergencia climática a la que nos enfrentamos (y esto por desgracia no es ficción): una subida de más de 2 ºC representa un peligro extremo para la continuidad de la vida en la Tierra; la combinación de calor y humedad que generaría esa situación provocaría millones de muertes por hipertermia, por citar solo un ejemplo de los desastres posibles. La idea del autor, por cuanto plantea indirectamente un ejercicio ético de interés —¿cómo representar de manera apropiada en la esfera pública a quienes no tienen capacidad de agencia (porque no existen)?—, es original. 

Si bien resultaría un tanto fatigoso detallar aquí las diferentes y complicadas atribuciones de ese organismo ficcional subsidiario del Acuerdo de París, cuya impotencia estructural, por otra parte, la novela se encarga de retratar, me permito rescatar un elemento de la diégesis que demuestra una gran valentía en una sociedad —la nuestra— cloroformizada desde hace décadas por la creencia neoliberal de que, en todo caso, los avances democráticos se producen desde dentro de los márgenes del status quo, como meras excrecencias «técnicas» que resultan admisibles en función de algún tipo de criterio relacionado con la rentabilidad de las reivindicaciones dadas. El elemento llamativo que quisiera destacar es el siguiente: el ministerio cuenta con un servicio secreto que trabaja para la causa climática «en la sombra», dedicándose al sabotaje de centrales termoeléctricas de carbón, al disciplinamiento de los ricos irresponsables y a otras tantas tareas del estilo, que sin embargo quedan fuera de la narración para preservar la seguridad de la ministra y la continuidad del cargo (y, por qué no, para estimular de paso la capacidad imaginativa de las lectoras).

Decía Benjamin en alguna parte que para Brecht la política no era un pensamiento privado, sino el arte de pensar en la cabeza de los demás. Además de eso, la política es, y esto es lo fundamental, una cuestión de correlación de fuerzas: en la novela de Stanley Robinson, un aparato institucional sensible a la situación de emergencia climática, una ministra irlandesa y, sobre todo, una realidad social plagada de sufrimiento colectivo a causa de lo primero hacen posible la adopción sistemática de cierta violencia política con el fin de inclinar la balanza de la justicia hacia el flanco de los más perjudicados por la trayectoria del desarrollismo capitalista basado en los combustibles fósiles y en la destrucción de la naturaleza. Así pues, cabe pensar que en condiciones de extrema gravedad es preciso adoptar estrategias y tácticas de acción política de un calibre similar, es decir, adaptadas en su análisis concreto a las situaciones concretas a las que deben enfrentarse, por tremendas que estas sean. Este principio, que podría suscribir hasta el más mesurado de los parlamentarios occidentales, hizo célebre a Lenin. A mi modo de ver, en Cómo dinamitar un oleoducto (Errata naturae, 2022) Andreas Malm propone con clarividencia algo que designaremos provisionalmente como «leninismo climático»: el movimiento social debe ir a la vanguardia, por delante de los consensos establecidos para forzar otros nuevos, cada vez más completos, más emancipatorios. 

¿Qué pasaría si el futuro que nos esboza Stanley Robinson, cercano por su excesiva familiaridad y remoto porque, al fin y al cabo, ocurre en el plano de la literatura —como si acaso este plano pudiera disociarse de los otros—, en realidad ya está teniendo lugar? ¿Cómo debería reaccionar el movimiento climático ante la evidencia de que, desde que se celebró la primera Conferencia de las Partes (COP), en 1995, las emisiones de CO2 han aumentado un 60%? ¿Qué hacer cuando incluso la noción de «justicia climática», con la que se defiende desde hace treinta años que en esta historia existen responsabilidades territoriales y de clase diferenciadas, pierde su sentido por momentos? Y ello es así porque la acumulación de capital ha conseguido que ahora ya sea difícilmente tolerable para la vida en la tierra de un futuro próximo un nivel razonable de permisividad en las emisiones de gases de efecto invernadero para aquellos países del Sur global que han hipotecado históricamente su desarrollo en virtud de su posición subalterna en la división internacional del trabajo. ¿Le corresponde al movimiento esperar más o menos pasivamente a que se den las condiciones de una unanimidad imposible —pero, en apariencia, perfectamente democrática y pacífica en sus formas— al respecto de la erradicación de las emisiones, mientras las consecuencias de la llegada diaria e incesante de estas a la atmósfera se llevan una cantidad ingente de vidas por delante? ¿Por qué para los Estados, que han estado actuando todos estos años como verdaderos escudos  con el propósito de evitar que la legislación entorpeciese las ansias acumulativas del capital —como buenos consejos de administración de los intereses de la burguesía, a decir de Marx—, esas vidas valen menos que la integridad de la propiedad privada de ese capital fósil y los beneficios que el mismo reporta a una minoría? Esas son algunas de las preguntas que guían la argumentación de Malm, las cuales remiten sin duda a un debate tradicional, espinoso pero necesario, a propósito de los medios y los fines.

No obstante, el libro que comento aquí no es solo eso. No es un estudio teórico ni tampoco un panfleto, sino una estimulante apelación a encontrar nuevas formas de revertir colectivamente el horizonte de colapso climático que se está anunciando con todas sus trompetas, puesto que parece evidente que ni siquiera con los datos en la mano conseguimos despertar la empatía de la clase dominante. Antes bien, esta actúa como si no pasara nada y sigue avivando el fuego de los combustibles fósiles con la connivencia de todo tipo de instituciones. Con toda probabilidad, esperar la compasión de los dueños de las petroleras o de las empresas papeleras que deforestan el Amazonas constituya una absoluta necedad, y no solo en términos de conciencia de clase, sino porque, como el propio autor explicaba en otra parte, el problema radica en que la acumulación de capital fósil, con su dinámica desquiciante basada en la autovalorización del valor, favorece una estructura ética perversa que facilita la elusión de responsabilidades: ahora padecemos los efectos de las emisiones que tuvieron lugar hace muchas décadas y, del mismo modo, nuestras emisiones afectarán a personas a las que nunca conoceremos. Aquellos que provocan el daño no se encuentran jamás con sus víctimas. Este es el embrollo que pretendía resolver el Ministerio del Futuro. 

En última instancia, para los ricos resulta sencillo también desentenderse de esta terrible problemática porque siempre podrán practicar la huida hacia adelante, en este caso el desplazamiento hacia zonas menos afectadas por las olas de calor asfixiantes o por las lluvias torrenciales. Su dinero les protegerá de la muerte segura (¿hasta cuándo?). Pero para la mayoría del planeta la situación será —y en buena medida está siendo ya— muy distinta. Pese a ello, el movimiento climático parece hallarse atrapado en las redes incapacitantes de lo que el autor ha bautizado como «pacifismo estratégico»: teme que, en lo que sería un claro caso de abuso conceptual, lo acusen de terrorismo y deslegitimen sus premisas si se decide a practicar acciones con tanta tradición como el sabotaje, la destrucción de propiedades o la inutilización de dispositivos contaminantes, por citar algunos ejemplos. Son procedimientos que en otros momentos históricos han probado su utilidad en las luchas democratizadoras y anticoloniales, como se encarga de demostrar Malm en un recorrido que repasa la actividad de las sufragistas, de los Panteras Negras, de los combatientes contra el apartheid sudafricano, del pueblo palestino y hasta de Gandhi, entre otros. Todos ellos recurrieron a la violencia cuando ya no tenían otra opción y consiguieron así proteger y reivindicar su subjetividad frente a la violencia estructural de la explotación y de la opresión. Todos ellos fueron acusados indiscriminadamente de violentos incluso en los casos en los que esa fuerza organizada no embestía contra seres sensibles, sino solo contra aquellas cosas que revelaban material y simbólicamente de qué lado estaba el orden establecido. El hecho de que vencieran, parcial o totalmente, o fueran derrotados no dependió, en muchas ocasiones, de que usaran métodos violentos —el terrorismo es harina de otro costal para el autor—, sino que fue precisamente gracias a un manejo inteligente de la violencia como, pese a todo, hicieron prevalecer sus intereses en un mundo en el que la barbarie se erigía en normalidad. Por eso hoy los recordamos y nos beneficiamos de los avances que nos legaron. 

Los explotadores saben muy bien que la violencia no es lo otro de la política, sino su elemento constitutivo, y no necesariamente uno contrario a la idea de civilidad. Por eso, no tiene sentido entregarse a una condena abstracta y fetichista de la violencia (que suele aplicarse sobre todo a las formas de resistencia e ignora los disparadores de la misma). Es más conveniente examinar las modalidades de violencia existentes o posibles y saber distinguirlas, precisamente por la importancia del sufrimiento que acarrean. En Germinal, la popular novela de Zola recientemente adaptada de manera magistral al audiovisual en formato de miniserie (David Hourrège, 2021), la más que justa huelga de los mineros de Voreux por la mejora de sus condiciones de vida acaba siendo brutalmente aplastada por los cuerpos represivos, que amenazan, coaccionan, agreden con nocturnidad y alevosía y, finalmente, disparan contra la masa indefensa. El líder de los trabajadores, el joven Étienne Lantier, se opone a que la turba desesperada se entregue, en un movimiento lógico, a la venganza después de muchos días sin nada que llevarse a la boca, y lo hace incluso cuando las autoridades tratan de asesinarlo para descabezar al movimiento. Es cierto que Hennebeau, el director de la mina, ha bajado los salarios hasta niveles intolerables; es cierto que ha provocado a los trabajadores con su chulería y ha descuidado los travesaños que sostienen la mina, generando derrumbes trágicos; es cierto que ha aguantado con la mina cerrada más de lo necesario con tal de poder aumentar más tarde la plusvalía absoluta, cuando los trabajadores ya no tengan nada y deban aceptar cualquier condición para subsistir. Pero, de acuerdo con la óptica de Lantier, no parece muy buena idea obligar a la familia burguesa de Hennebeau a comer trozos de cuero del cinturón de alguno de los mineros para humillarla en público, ni siquiera vale la pena cobrarse la vida de su torturador, contra quien es incapaz de apretar el gatillo. No hay que endiosar a Lantier, no es ni un santo ni un héroe, ni es mejor a nivel humano que cualquiera de sus camaradas, que tienen razones sobradas para desear y hacer lo que hacen; simplemente tiene para él que la lucha de clases se juega en el terreno de la organización de las herramientas de trabajo y en el del trabajo mismo, sobre lo que cabe generar, ahora sí, todo el daño posible para evidenciar que sin brazos que sostengan los picos no se arañan las paredes de la mina, no se extrae carbón y, por tanto, no se genera la riqueza que se apropian unos pocos. Una riqueza negra que, por cierto, está en el origen de las nubes de polución que hacen irrespirable el aire de nuestras ciudades más de 150 años después.

A propósito de ello, Étienne Balibar señala que hay ciertos tipos de violencia que no contribuyen al progreso social, como la que consiste en el desprecio a los individuos y persigue su eliminación en tanto que tales, y que por eso deberían considerarse formas de algo distinto: crueldad. Aunque desconozco si Malm ha leído o no a este pensador, su alegato en Cómo dinamitar un oleoducto es coincidente con el anterior en este punto fundamental: atendiendo a las circunstancias casi de no retorno en las que operamos, el movimiento climático debe centrarse en organizar ataques de diversa naturaleza a la propiedad evitando en todo momento los daños humanos, porque las infraestructuras de la economía fósil son el problema. Los individuos son tan valiosos como reemplazables, y detrás de un gran burgués desgraciadamente siempre hay otro dispuesto a seguir apretando el botón del plusvalor, pero, una vez construidas y puestas en funcionamiento, las infraestructuras de la economía fósil gozan de lo que se llaman «emisiones comprometidas», es decir, las emisiones de dióxido de carbono que se producirán hasta el final de la vida útil de esas infraestructuras. Cuanto más se invierte en el sector, más emisiones se comprometen durante años al margen de los individuos específicos. En otras palabras: la desaparición de un pozo de fracturación hidráulica o fracking nos regala años de vida. Por otro lado, según Malm, es la «división de trabajo activista» entre moderados y radicales lo que garantiza que en general las reivindicaciones sociales lleguen a buen puerto, porque los diferentes roles desempeñados por cada ala coadyuvan a que las posiciones evolucionen y el movimiento progrese: hay que pedir el cielo para conseguir un techo. Que este libro aborde explícitamente la necesidad de que el movimiento revolucionario revalúe la violencia como herramienta de transformación social no implica que haya que incurrir en el fatalismo del «todo o nada». A la vez, que exponga la crudeza del desafío al que nos enfrentamos todas las especies del planeta no es una invitación a desembocar en el inmovilismo tan caro al cinismo porque tal vez ya es demasiado tarde. Se le atribuye a Adorno, creo, aquello de que la esperanza verdadera nace de la conciencia de que las cosas han sido terribles desde siempre.

Iván Martínez Ortíz

Reseña de «Trans. Un alegato por un mundo más justo y más libre» (Blackie Books, 2022), Shon Faye

Este libro es una oportunidad maravillosa para conocer la situación real de las personas trans, para acercarse a escuchar a quienes están en las situaciones más vulnerables. Shon Faye ha realizado entrevistas y recopilado información para conseguir esto, de forma que se trata de un análisis y no de unas memorias.

Diego Parejo

Reseña de «Sueño y revolución» (Continta me tienes, 2021), Carolina Meloni

La filósofa Carolina Meloni (Tucumán, 1975) busca sacudirnos examinando el potencial emancipador de nuestros sueños. Aunque encontramos un texto en el que Meloni se abre a aquellas que leemos, la interpelación en sus páginas es a un sujeto colectivo.

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Reseña «Hackeando el futuro» (Holobionte, 2021), Arthur y Marilouise Kroker

Arrollados por la ola cibernética, no tratan de negar ni oponerse al claro espíritu de su época como otros aburridos miserabilistas, pero tampoco se imbuyen en ella de manera acrítica, como muchos otros posthumanos que no supieron ver el claro anacronismo que supondría en el futuro la excesiva identificación con su tiempo.

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¿Sin tiempo para morir? James Bond y el advenimiento tardío de la posmodernidad

En algún momento de la película, fruto de un diálogo entre personajes que no recuerdo, hay un enunciado que llamó especialmente mi atención y que hace evidente la pérdida del sentido de autoridad que recorre el argumento: «antes, podías estar encerrado en una habitación con el enemigo y mirarle a la cara. Ahora, el enemigo está en el aire».

Pepe Tesoro

Reseña «Historias raras del siglo XX» (Enclave, 2021), Eduardo Bravo

Con un esmero encomiable, Bravo hilvana los hilos malditos de la historia, los personajes de los márgenes, entre diseñadores olvidados y vikingos del siglo XX, amantes despechados y terroristas ajusticiados en sus celdas.

Alessandro Volpi

Reseña «Mil máscaras. La deriva del nacionalpopulismo italiano» (Siglo XXI, 2021), Paolo Mossetti

El nacionalpopulismo es una respuesta con sólidas razones históricas a la crisis de un sistema, pero tiene un parentesco con el mismo sistema al cual se opone, tanto en su origen, como en su destino.

Pepe Tesoro

Los futuros perdidos de Loki

Marvel se ha convertido en un dispositivo privilegiado para medir las diferentes vertientes y rasgos de la imaginación cultural y política actual, pues, muy lejos de ser mero entretenimiento, ha logrado atraer a millones de personas en todo el globo a partir de una serie de mitos y elementos narrativos que dicen mucho de cómo el mundo se piensa a sí mismo y, en concreto, como se piensa en relación con su propio contexto histórico.

@neuracelaradisima

Reseña de «Spinoza» (Akal, 2021), Steven Nadler

La biografía aquí reseñada podría ser leída como una suerte de aplicación práctica de la «Ética», un estudio de caso demostrado según el orden historiográfico en lugar del geométrico: la vida y obra de Spinoza como el efecto resultante de una enorme cantidad de causas incidentes que el autor documenta con una rigurosidad pasmosa.

Pepe Tesoro

Reseña de «Las horas bajas. Un falso ensayo sobre el fin de los tiempos» (Lengua de Trapo, 2020), Xandru Fernández

«Debemos elegir qué relato contar. Si preferimos la inevitabilidad de capitalismo y la falibilidad del progreso o, por el contrario, si optamos por el deseo del progreso y la accidentalidad del capitalismo» Xandru Fernández

Jon Baldwin

Reseña de «El final del control policial» (Capitán Swing, 2021), Alex S. Vitale

El papel de la policía en las sociedades contemporáneas debe ser cuestionado, y el sociólogo Alex S. Vitale ofrece en «El Final del Control Policial» la posibilidad de abrir espacios de conversación en torno a cómo queremos organizar nuestras comunidades. A pesar de centrar su crítica en el modelo estadounidense, la obra de Vitale ofrece al lector lecciones y herramientas útiles para el análisis de las estructuras de poder que refuerzan y legitiman el control policial en su propio contexto nacional.

Diego Parejo

Reseña de «Frágiles. Cartas sobre la ansiedad y la esperanza en la nueva cultura» (Anagrama, 2021), Remedios Zafra

A partir de conversaciones con diferentes lectores y lectoras, Zafra construye de forma epistolar un ensayo pausado, ágil de leer y que vuelve a poner encima de la mesa la situación cada vez más insostenible de la industria cultural y sus trabajadores.

Pepe Tesoro

Vídeo-reseña de «Love, Death & Robots» (2021), Tim Miller y David Fincher

¡¡¡Pincha arriba para ver la review de «Love, Death & Robots»!!!

Nicolás Cabrera

Reseña de «Tierra, techo, trabajo» (Altamarea, 2021), Papa Francisco

Los discursos que podemos leer en este libro pueden ser entendidos cómo una llamada a la acción, un aterrizaje concreto que además no obedece a un orden vertical, sino que es fruto del debate dado por las organizaciones que integran el EMMP.

Pepe Tesoro

Vídeo-reseña de «Nomadland» (2020), Chloé Zhao

¡Pincha arriba para ver la review de 'Nomadland'!

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Reseña de «Cuatro futuros» (Blackie Books, 2020), Peter Frase

Peter Frase se descubre como una especie de Erik Olin Wright futurista, construyendo distintos escenarios ideales marcados por la tecnología y la ecología como Apocalipsis y utopía.

Adrià Porta Caballé

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Una teoría tan sofisticada como la de Laclau bien necesitaba una introducción. Antonio Gómez Villar se propuso suturar esta brecha, tres años más tarde, con la publicación de «Ernesto Laclau i Chantal Mouffe: populisme i hegemonía» (Gedisa, Barcelona, 2018), una obra que encuentra un calculado equilibrio entre la divulgación y la información teórica.

Diego Parejo

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Si nos preocupa nuestro presente, si queremos plantear un horizonte alternativo al capitalista que nos lleva a la extinción, debemos tomar muy en cuenta las preguntas, explicaciones y enseñanzas que Antonio Antón nos ofrece a través del gigante Gargantúa.

Pol&Pop

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Bastani presenta un escenario de crisis multidimensional que hoy se enfoca sobre todo desde la perspectiva de la escasez y la desigualdad y cuya propuesta hegemónica es aumentar los sacrificios para, en el mejor de los casos, vivir en un declive más suave.

Paula Moreno

Reseña de «La doble jornada. Familias trabajadoras y la revolución en el hogar» (Capitán Swing, 2021), Arlie Hochschild

En el estudio de Hochschild, su estimación sobre las horas empleadas por las mujeres entre trabajo productivo y reproductivo es de quince horas extras a la semana más que los hombres, lo que supone una doble jornada, en toda regla.

Diego Parejo

Reseña de «Después de lo trans» (La Caja Books, 2021), Elizabeth Duval

Estamos ante un ensayo impecable, que consigue hacer sencillo lo complejo, exponiendo y explicando términos que van desde la teoría psicoanalítica lacaniana hasta las multiplicidades de la teoría queer, pasando por la teoría feminista.

Javier Padilla

Reseña de «La emancipación de los cuerpos» (Akal, 2021), Marco Sanz

¿Qué es estar enfermo? ¿quién define la enfermedad? ¿cuáles son sus límites? ¿qué relación guarda la enfermedad con nuestro cuerpo? Estas son algunas de las preguntas que atraviesan el libro «La emancipación de los cuerpos».

Vicente Rubio-Pueyo

Reseña de «The Twittering Machine» (Akal, 2020), Richard Seymour

«The Twittering Machine» es un ensayo poderoso e inquietante, cuya lectura suscita como primera reacción en el lector (al menos en este lector) cerrar de inmediato todas y cada una de sus cuentas en redes.

Pepe Tesoro

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Daniel V. Guisado

Reseña de «España» (Lengua de Trapo, 2020), Santiago Alba Rico

¿Por qué se habla de Estado español y se rechazan los símbolos oficiales de España? ¿Por qué leemos tanto a Balzac o a Dickens y tan poco a Cervantes y Galdós? Santiago Alba Rico nos da algunas posibles respuestas en este libro.

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