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Entrevista a Jesús Izquierdo Martín: pandemia, relatos y construcción de futuro.

10 de julio de 2020

¿Cómo los relatos históricos transforman y modulan la memoria y cómo se está desarrollando este proceso dialéctico en nuestro presente pandémico? 

Paul Ricoeur ya nos planteó la idea de que las subjetividades se construyen a través de la narratividad que hacemos de nosotros mismos, lo que significa que los marcos memoriales influyen en nuestra construcción colectiva. Sabemos además que, a diferencia de la historia, que convoca el pasado desde el presente, la memoria es irrupción del pasado en el hoy. En suma, que la memoria no es un artilugio que podamos controlar voluntariamente y en especial si es memoria procedente de un trauma como el que tuvo lugar en España tras el genocidio franquista. Con todo, es posible modular la memoria construyendo relatos que traten de elaborar el sentido del pasado a recordar, a través de historias que influyan en la evocación. Y la derecha en España, como heredera de una dictadura que construyó su propia historia y vigiló la narración de la transición, es ejemplar en esa lógica manipuladora. La lectura transicional de carácter redentor de nuestra historia reciente, para la cual los años de la Segunda República son un momento de locura al que acompaña un franquismo que terminó creando las condiciones de nuestra redención política, ha impregnado la memoria de muchos españoles. La contestación a tal memoria, que pretende su hegemonía, es la apertura política a las memorias alternativas. Establecer otra memoria que la contraponga sería volver a las lógicas del dominio del recuerdo sin que ello signifique abandonar las posibilidades de crear las condiciones para una memoria democrática.

Que las víctimas del franquismo sean tan invisibles frente a las víctimas de ETA es una manifestación del dominio de ese relato: las unas son el resultado de la locura, las segundas el efecto de una organización que impedía la redención propia. La derecha siempre ha tratado de monopolizar el recuerdo y ahora le ha llegado el momento de intentarlo con las víctimas del COVID-19. Esta misma derecha es la que desea atrapar el recuerdo al tiempo que borra su responsabilidad en la enorme cantidad de ancianos muertos, abandonos, residencias de ancianos. Estemos alerta y no nos abandonemos a quienes siempre han pretendido fijar nuestras memorias con sus patrias e himnos. 

En el que probablemente sea uno de los períodos más traumáticos de la historia reciente de nuestro país… ¿qué salidas discursivas pueden elaborarse en torno al trauma post-Covid?

Imagino un país que no haga dejación de este territorio de muerte y enfermedad. No podemos permitir un segundo abandono de los fallecidos a los que entregar solo un maldito homenaje del Estado o de la Iglesia. Para eso están los discursos, en plural, para armar contra-homenajes que perturben aquellos que pretenden conquistar nuestra historia o afectar a nuestra memoria.

Las muertes del Covid no dejan de ser una consecuencia última de los recortes en Sanidad, sin embargo, las derechas las conciben como víctimas del gobierno progresista (véase el memorial de Cibeles), ¿qué posibilidades existen de construir un relato alternativo que sortee el doble crimen hermenéutico al que está sometiendo a las víctimas el relato de las derechas? 

Las posibilidades están abiertas. La historia siempre ha tenido una función política más allá del mero conocimiento del pasado. Y esta función política es ahora más importante que en otros momentos de nuestro pasado reciente. El relato de la derecha ha tenido una presencia agresiva, como es habitual, subida a esos balcones donde se mostraban banderas, crespones y se golpeaban cacerolas hasta el sufrimiento. Patria y dolor se volvieron a fundir en los gritos y manifestaciones de VOX y los peperos. Y nuevamente apelando a las vísceras en un momento de enorme tensión emocional, por lo novedoso de la situación y los efectos ocasionados en la ciudadanía. Pero está en nuestra mano incentivar un recuerdo que no olvide las causas de tanto dolor y que desmonte la remembranza de los de siempre. Recordar el pasado para construir un futuro más justo. Eso es hacer política a través de una historia que no trate de naturalizar lo ocurrido, sino que, en el momento actual, desestabilice la historia y el recuerdo de esa derecha, y construya historias y estimule evocaciones alternativas.