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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro. debates y disputas ideológicas: Clara Ramas

29 de mayo de 2020

¿Cuáles crees que serán los debates ideológicos fundamentales en los próximos meses, los principales objetos y temas de disputa? ¿Crees, de hecho, que habrá una verdadera disputa ideológica, una guerra cultural?

Creo que sí. Tenemos ya algo de perspectiva para advertir algunos umbrales de época. Hace tiempo que se van gestando malestares que, digamos, el gran momento oficialista y triunfante de final de siglo -los años 80-90 del XX, como una especie de nueva belle époque- no podían ya contener. El siglo XXI nos obligó a preguntarnos: ¿Hemos sido capaces de dar una salida a los grandes retos políticos y civilizatorios -crisis económicas, crisis del clima, precarización, modelo económico, globalización, desigualdad de género-? Y la respuesta es que no lo suficiente. 

Creo que ha habido algunos momentos -desde luego, en los de impugnación como en 2011, pero no sólo- donde la conversación pública ha podido hacerse cargo de algunos de estos malestares. Pero en el último año, sobre todo desde las pasadas elecciones generales en abril de 2019, se ha vuelto de una manera muy intensa al marco izquierda-derecha. La oposición entre progres y fachas es la que dirige las posiciones y el debate público. Recuerdo que hace un par de años, en 2017-18, eran frecuentes debates políticos sobre neoliberalismo, globalización, populismo, nuevas élites… preguntas del tipo: ¿cómo se va a articular el malestar despertado en 2011, en un sentido tendente a la ampliación de derechos o al cierre más identitario? ¿Qué brechas sociales, malestares culturales y nuevas tensiones surgen -repliegue nacionalistas, crisis de la masculinidad tradicional…? ¿Qué soluciones aportan las nuevas formaciones políticas y hasta qué punto se hacen cargo o no de estas brechas?, etc. 

Esas preguntas han sido desplazadas, pero creo que la crisis por la pandemia de la COVID-19 hará que vuelvan a plantearse. Se va a exigir un momento de reconstrucción nacional, al estilo de 1945. Ello obligará de primeras a medidas inmediatas y políticas públicas -blindaje de servicios públicos, reforma fiscal etc.- pero también creo que deberían plantearse seriamente algunas cuestiones, como la “rebelión de las élites” (Lasch) por la que los privilegiados han vivido en un régimen especial -de viviendas, educación y sanidad privadas, beneficios fiscales…- aislados del resto de la sociedad. O también la dificultad del divorcio entre representación política y representados, incluyendo la faceta de “Brahmin left” analizada por Piketty por la que el voto de izquierda concentra la educación superior, y el surgimiento de un “neoliberalismo progresista”. O el agotamiento del modelo de puro mercado, la necesidad de una sociedad organizada en torno a cuidados, el nuevo “backlash” a los avances del feminismo…

Por resumir en etiquetas: creo que los principales temas culturales de disputa a medio plazo serán el neoliberalismo, la crisis climática, los cuidados, la “no-society”, la rebelión de las élites, lo incel y el retorno de la comunidad.  

¿Hacia dónde crees que deberían dirigirse las medidas de Gobierno y sobre qué imaginarios de futuro y marcos discursivos o teóricos?

Creo que este Gobierno, como decía antes, está encerrado en el marco izquierda-derecha y eso le limita mucho. Su adversario principal es “la extrema derecha” y, muy preocupado en confrontarla -de un modo, además, bastante torpe, porque tampoco es especialmente capaz de desactivar los malestares culturales que la alimentan-, deja desatendida una necesaria contundencia en las medidas sociales. 

Esta crisis ha dejado obsoleto el marco del neoliberalismo, como se reconoce incluso en las acciones de las instituciones de gobernanza financiera mundial -aquí ha habido algún liberal honesto que más o menos lo reconoce-. Es el momento para un paso adelante y contundente en medidas del tipo: horizonte de una renta básica, armonización fiscal, reforma de impuestos sobre patrimonio, medidas ambiciosas de transición ecológica… Además, eso ha de acompañarse con un cambio cultural que desarrolle imaginarios alternativos al neoliberalismo, tanto tecnocrático como en su vertiente progre-chic, que también existe. Y ese combate cultural no se hace principalmente desde el Estado sino, decía Gramsci con Hegel, desde la sociedad civil.

Veremos hasta dónde es capaz de llegar el Gobierno, pero creo que en ambas hay que empujar fuerte y dar la batalla desde una variedad de registros y lugares.  

¿Cómo crees que se va a reconfigurar el espacio social y su representación política,  vamos hacia una fragmentación, polarización, desafección, radicalización, un nihilismo generalizado, un desencanto, fuentes de malestar articuladas o atomizadas…?

Creo que este nuevo marco o, mejor dicho, esta vuelta al antiguo marco pre-2011, es malo por varios motivos. El primero, porque, para decirlo en una frase, si el problema es Vox, la solución es el PSOE: volvemos a los actores del 78. El segundo, porque como ocurre en toda oposición simple, cada término necesita al otro para existir y ninguno pretende superar ese estado de cosas: a ambos les conviene que exista el otro para reafirmarse contra él. El tercero, porque esa división parte el país en, aproximadamente, dos mitades que nunca van a entenderse, mientras que deja a las élites y los depositarios reales del poder económico y social tranquilos: ya no es el 99% junto contra el 1%, sino el 50% contra el 50%. 

Si la conversación cultural y como país se dirige desde el Gobierno, temo que lo que se produzca sea polarización, radicalización y malestares articulados. Creo que viene un momento de activación de malestares, no de desmovilización. Está la tarea de superar ese marco, también desde la disputa cultural, reconstruir el lazo social roto por la crisis y encontrar un modo de construir comunidad superando esos malestares culturales.