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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Liliana Colanzi

¿Cuál es el desafío de las políticas de los cuidados ante el coronavirus? 

En este momento son las tareas de cuidados las que están sosteniendo al mundo (¿quién se hace cargo de la limpieza, de cocinar la comida, de cuidar a niños, adultos mayores y enfermos durante la cuarentena?); este trabajo sigue recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres y sigue siendo invisible e impago. Las tareas de cuidados se han puesto durante siglos sobre los hombros de las mujeres y se han confinado al ámbito de lo doméstico: una crisis como la actual demuestra que son parte esencial  del tejido de la sociedad, y como tales deberían estar en el centro de la cuestión pública. Es necesario que estas tareas se reconozcan como trabajo y que obtengan un reconocimiento económico y garantías por parte del estado. El coronavirus ha hecho que nos volquemos hacia el estado para exigir, también, esos cuidados: que el estado nos garantice que seremos atendidos si nos enfermamos, que no nos quedaremos sin comida o sin servicios básicos si se detiene la economía; la crisis destapa la urgente necesidad de una política feminista y popular. 

¿Cuáles son los horizontes de futuro que, en sentido filosófico, abre la lucha feminista ante la crisis que vive el neoliberalismo y nuestra relación con la naturaleza?

La pandemia hace más evidentes las desigualdades sociales y económicas: ¿quiénes pueden en una situación así darse el lujo de quedarse en casa? Entre los más vulnerables están muchas mujeres: por un lado, la cuarentena implica que muchas están encerradas con sus agresores; por otro, algunas de las más desprotegidas son las trabajadoras del hogar, que siguen yendo a trabajar a pesar de los riesgos o son enviadas a casa durante la cuarentena sin derecho a un salario. Otros trabajadores usualmente invisibles como los repartidores de comida o los cajeros de supermercado ahora tienen una importancia central, pero en varios casos carecen de licencia remunerada por enfermedad y trabajan sin barbijos o guantes. Esta es una gran oportunidad para impulsar varias propuestas que el feminismo viene haciendo desde hace tiempo: un mundo en el que se priorice el cuidado de la vida (humana y de todas las demás especies) por encima de la productividad y la economía, en el que se garantice la protección a los trabajadores por sobre las ganancias de las corporaciones, en el que la relación con la naturaleza no sea depredadora, en que los estados ofrezcan seguro de salud y educación de calidad de manera gratuita y no se deje nunca más estos dos ámbitos fundamentales a la esfera privada, en el que las tareas de cuidados se reconozcan como una cuestión pública. Más que nunca, la pandemia muestra la necesidad de una economía feminista, una salud pública feminista, una planificación social feminista. 

¿Te parece que hace falta articular aún más las luchas populares con las luchas feministas?

Las luchas feministas no pueden separarse de las luchas populares: no vamos a emanciparnos si no se emancipan todos los oprimidos. No estamos peleando por un mundo en el que las mujeres puedan integrarse a un sistema extractivista y desigual, sino para derribar a ese sistema y crear otro más justo para todos. No puede haber un feminismo sin una crítica al capitalismo, de la misma manera que no puede haber un feminismo sin una lucha antirracista.