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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Sofía Argüello Pazmiño

¿Cuál es el desafío de las políticas de los cuidados ante el coronavirus? 

El coronavirus ha desnudado, aún más, la necesidad de seguir reflexionando sobre la economía y las políticas de los cuidados. Un primer momento evidencia cómo se reproduce y mantiene una estructura desigual en clave de género y sexo ¿Quiénes seguimos ocupándonos del cuidado de los niños y las niñas, de las y los ancianos, de los quehaceres del hogar, del cuidado de las y los enfermos? Un segundo momento sitúa la posibilidad de pensar qué significa el confinamiento social en la esfera privada, principalmente en una parte de la población – privilegiada- que ha dado casi por hecho la conciliación entre los espacios público y doméstico. Más allá de los discursos de emancipación e igualdad sexual ¿cómo se distribuye el uso del tiempo –desde las diferencias sexo-genéricas- en momentos de confinamiento? Finalmente, es importante subrayar que el coronavirus también deja entrever mecanismos de cuidado social y del cuidado para la reproducción del capital que se difuminan en términos sexo-género. Estos mecanismos se mueven a través de cuerpos que trabajan, por un lado, en el cuidado social: médicos, enfermeras, salubristas, cocineros/as de hospitales, personal de mantenimiento de los centros de salud, e incluso -en algunos países- servidores públicos que trabajan dentro de modelos estatales que fomentan y garantizan los derechos de sus ciudadanos. Por otro lado, también hay cuerpos que trabajan para cuidar, mantener y reproducir el capital: desde el empresario hasta el motociclista de Uber que hace entregas, pasando por la telefonista que te llama para recordarte los saldos adeudados de tu tarjeta de crédito. Ambos mecanismos, el del cuidado social y el del cuidado para la reproducción del capital pueden mostrarse constitutivos uno del otro, dependiendo, por supuesto, de los contextos. 

¿Cuáles son los horizontes de futuro que, en sentido filosófico, abre la lucha feminista ante la crisis que vive el neoliberalismo y nuestra relación con la naturaleza? 

Las teorías y las luchas feministas -como teorías y reivindicaciones críticas- están llamadas, y ese debe ser siempre su compromiso, a reflexionar sobre las múltiples formas de dominación, de explotación y de desigualdades latentes. Es fundamental seguir teniendo una mirada crítica hacia posiciones binarias – herencia del pensamiento cartesiano- ya que esto nos permitirá seguir rastreando, entendiendo y explicando la complejidad de relaciones que configura lo social (entendiendo lo social como una red de relaciones con lo político, lo económico, lo cultural). De esta manera, y frente a dinámicas predatorias, la relación de los seres humanos con la naturaleza debe seguir siendo aprehendida como articulación y proceso articulante del pensamiento y la movilización feminista e, incluso, más allá de los feminismos. Los procesos de explotación y despojo son procesos que vinculan dispositivos de apropiación de cuerpos y objetos (en el sentido en el que Bruno Latour entiende las relaciones entre seres humanos y no humanos), los cuales nos obligan a pensar sobre cómo nos asociamos e interactuamos en un mundo que va más allá de lo humano.  Este ejercicio rebasa lo humano como locus de enunciación y como epicentro de explicación de estos procedimientos de desapropiación de uno mismo y/con el entorno.

¿Te parece que hace falta articular aún más las luchas populares con las luchas feministas?

Afortunadamente hemos y estamos siendo partícipes de una generación de feministas (y de movilizaciones feministas) que han activado las luchas feministas desde lo popular y que, desde lo popular, articulan las reivindicaciones sociales desde múltiples formas de toma de conciencia, principalmente en América Latina (en sus diversos matices). Creo que esto no es un tema menor en la medida en que los feminismos se están constituyendo desde diversas experiencias de dominación y explotación, que son, a mi parecer, experiencias provocadas desde “abajo”, desde la empatía subalterna, desde la identificación popular. Que si aún falta articulación, por supuesto. Pero esto se debe, considero, a la propia heterogeneidad y diferencia que une, fisura y trastoca lo popular. Este último es algo que debemos reaprender, tanto en términos teóricos como estratégicos-políticos, de las grandes enseñanzas de los feminismos de tradición marxista. 

Sofía Argüello Pazmiño es socióloga y profesora-investigadora FLACSO-Ecuador. Autora de numérosos artículos científicos y capítulos de libros sobre temas de ciudadanía, género y Estado.