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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Roque Farrán

¿Cuál es el desafío de las políticas de los cuidados ante el coronavirus? 

Creo que el desafío para las prácticas éticas y las políticas de los cuidados, consiste en sostener su especificidad al mismo tiempo que se transfieren y recrean sus procedimientos en distintas instancias y prácticas de la formación social; incluso a nivel del Estado, sus distintos estamentos de gobierno y el uso de las nuevas tecnologías. Pienso que las políticas de los cuidados tienen que incluir también el uso de los dispositivos virtuales, por ejemplo. Si no inventamos una nueva forma de lazo social, una erótica que convoque el deseo y ensaye un modo amistoso de relacionarnos a la distancia, mediante las redes sociales virtuales, estamos jodidos. No soporto un segundo más los diagnósticos o discursos grandilocuentes que quieren hacer pasar por lucidez el pesimismo catastrófico y la melancolía incurables (el rechazo masivo de la técnica); esos eran lujos para momentos de circulación masiva e incertidumbre epistemológica. Tampoco soporto un segundo más la estupidez o estulticia contra las que siempre he debatido. Hoy las certezas angustiantes exigen actos que efectivamente las desplacen hacia una tópica donde el deseo sea posible, cualquiera sea el medio o los recursos a disposición; una ética materialista de los cuidados parte ineluctablemente de lo que hay para componer.

¿Cuáles son los horizontes de futuro que, en sentido filosófico, abre la lucha feminista y/o antineoliberal ante la crisis que vive el neoliberalismo y nuestra relación con la naturaleza? 

Las luchas feministas históricas de algún modo reivindicadas y amplificadas por las necesidades que impone la situación actual, con la importancia nodal que toman las políticas de los cuidados, nos abren horizontes de futuro para pensar una sociedad mejor, en tanto están habilitadas para situarse crítica y cuidadosamente en el presente. Para ello será necesario no obstante mucha entereza y fortaleza, más que agudeza reivindicativa, así como el cultivo de un ánimo bien templado que invista la propia potencia de actuar y la transfiera a los otros. Como decía Spinoza, la fortaleza es una actitud afectiva que requiere de firmeza para conservar el ser y generosidad para hacerlo en composición con otros. Cada vez hay menos espacio para las coartadas político-epistemológicas de la separación sujeto/objeto, individuo/colectivo, razón/afecto, naturaleza/cultura; lo sabemos muy bien filosóficamente: el paradigma de gobierno neoliberal se revela impotente ante la necesidad de composición de singularidades irreductibles en un marco común de reparto y redistribución de recursos a todo nivel. El cuidado, por supuesto, implica toda nuestra naturaleza extendida y entendida en su conjunción: el deseo individual, los derechos sociales, las nuevas tecnologías y el Estado. Todas estas instancias indisociables las unas de las otras, pero no homogéneas.

¿Te parece que hace falta articular aún más las luchas populares con las luchas feministas? 

Las luchas feministas, las luchas populares, así como las diversas luchas contra la dominación, la segregación, la destrucción y la impotencia, pueden encontrar en este instante de peligro cada vez más vasos comunicantes si atienden al nudo irreductible en que nos encontramos. Es decir, no solo para aliarse contra lo peor, en términos de cadenas equivalenciales formales, sino al investir su propia potencia de actuar y transferir sus saberes en múltiples instancias, habilitando formas materiales de reinvención del lazo social. Un lazo social que atienda especialmente al modo en que nos cuidamos los unos a los otros de manera alternada (cuidar de sí es cuidar también a los otros) y nos diferenciamos conjuntamente; no en función de la competencia o el mérito, sino en la ineludible tarea de devenir sujetos morales de nuestras acciones, en tanto entendemos que lo que hacemos repercute necesariamente en la trama social de la que formamos parte. La articulación entre ética y política se muestra más necesaria que nunca, en esta coyuntura, cuando las diferencias potencian y no son algo meramente tolerable. 

Cierre 

Para que las luchas se anuden en inmanencia entonces, sin renunciar a las diferencias singulares que son las que nos potencian, necesitamos entender cómo se incrementa la potencia de actuar puntualmente y cómo se activan los afectos alegres: un verdadero conocimiento de lo que nos causa singularmente, en cada caso, a implicarnos con la situación. El deseo aquí no puede ser algo secundario o antojadizo, pues es lo que nos moviliza en verdad en un instante de peligro, y no el mero instinto de supervivencia. Por tanto, una nueva erótica de los cuerpos políticos resulta indispensable, más acá de cualquier voluntarismo o deber ser enunciado desde posiciones morales. Una ética del bien decir, del bien escuchar, del bien escribir y, en definitiva, del bien estar, no es un adorno superfluo para momentos de sosiego, sino la fórmula más ajustada a la materia insólita que nos toca tratar: lo real. Enfocarnos en lo que aumenta nuestra potencia de actuar y captar lo singular, en lugar de sostener posiciones reactivas o recelosas. El Estado de Bienestar no puede ser solo una figura histórica a reponer, sino el modo mismo en que nos pensamos como sujetos políticos en cualquier nivel de las prácticas.

Roque Farrán es filósofo, Investigador CONICET y Profesor en la UCN (Universidad Nacional de Córdoba). Autor de Badiuo y Lacan: el anudamiento del sujeto (Prometeo) y Nodaléctica (La Cebra).