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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Rosaura Martínez Ruiz

¿Cuál es el desafío de las políticas de los cuidados ante el coronavirus? 

Ante la crisis provocada por la aparición del virus SARS-CoV-19, la humanidad enfrenta un sinnúmero de desafíos. Empero, conforme avance la pandemia e incluso cuando ésta, por curso propio, alcance su fin, aparecerán nuevos e inimaginables. Por el momento, el más grande es el de construir y actuar desde una solidaridad global. El virus nos ha mostrado de manera implacable que las fronteras no existen cuando se trata de transmisión de enfermedades, no obstante, habrá que preguntarnos si no será que para la comunicación de otros fenómenos los muros no son más que una quimera de la política neoliberal e individualista. Muchos creen que lo que estamos viviendo es exclusivo de un periodo de anormalidad, yo creo que estamos viviendo un fenómeno crítico de interdependencia biológica, política, ética y ontológica. En estos términos, esta crisis no es más que una sustancia contraste que nos permite ver de manera dramática cómo nuestra vida depende y está sostenida por otras y por todos los otros seres vivos y formas de la naturaleza no viva (como el agua, el aire y las piedras). De manera fehaciente, esto es, sin posibilidad alguna de denegar o diferir su reconocimiento, esta cualidad ontológica de interdependencia radical, esta crisis nos devela que el cuidado por el otro es el cuidado de sí, que es nuestro deber moral cuidar que todos los humanos del mundo tengan acceso a la salud (y esto hoy más que nunca debe entenderse no solo como cobertura médica, sino de vivienda segura y con todos los servicios básicos que permitan el aseo), a la educación, a un ingreso mínimo universal, a disfrutar de la naturaleza, a una vida digna de ser vivida.

¿Cuáles son los horizontes de futuro que, en sentido filosófico, abre la lucha feminista  ante la crisis que vive el neoliberalismo y nuestra relación con la naturaleza? 

El movimiento feminista es fundamentalmente una lucha por la equidad. Como lo ha explicado Judith Butler en varias entrevistas, es cierto que hay modos individualistas de feminismo que se basan en la libertad personal, los derechos del sujeto individual y que tienden a reproducir el individualismo como una cuestión  natural o inevitable, pero hay formas de feminismo que hacen una crítica al capitalismo y cuya demanda es colectiva, como el Ni una menos. Este movimiento se ha formado a través de la articulación de colectivos con una condición social común y un vínculo social que reconoce que lo que le sucede a una vida, ya sea violencia, deuda o sometimiento a la autoridad patriarcal, también le sucede a otras. Ni una menos parte del reconocimiento de una condición de vulnerabilidad compartida impuesta por el patriarcado. Se trata de un movimiento de origen latinoamericano que rechaza la violencia y afirma la igualdad radical. Después de todo, cuando las vidas de las mujeres y de las minorías de todo tipo son abusadas y aniquiladas, es una señal de que esas vidas no son tratadas como igualmente valiosas. La lucha contra la violencia y la lucha por la igualdad están vinculadas. 

Asimismo, siguiendo a Butler, que el mundo haya construido una violenta asignación diferencial de la lamentabilidad, esto es, que unas vidas se perciben como más dignas de duelo colectivo que otras, no sólo es un diagnóstico, sino un vehículo ético que nos permite formular un imaginario político de equidad. Se trata pues, de una aspiración normativa. Y desde este mismo marco epistemológico podemos entender el abuso neoliberal sobre otras formas de vida no humanas y de la naturaleza no viva como el agua, el aire y los minerales. El cambio climático que estamos viviendo y cuyas consecuencias serán cada vez más dramáticas y violentas es también consecuencia de una valoración inequitativa de los diferentes modos de ser de la naturaleza.

Debemos asociar el esfuerzo de desmantelar formas de conocimientos, marcos epistemológicos, ligados con la reproducción de prácticas objetables de poder con proyectos de transformación social que buscan lograr metas democráticas sustanciales como la libertad, la igualdad y la justicia. No está claro cómo se logra esto, pero todo indica que está asociado con la capacidad de, por un lado, contar la historia y, por otro, de imaginar un futuro mejor. La crítica debe ser una intervención en el curso de la historia que la fracture para que, en esa grieta, se abra el horizonte de un mejor futuro. 

¿Te parece que hace falta articular aún más las luchas populares con las luchas feministas?

Por supuesto. Como dije antes, considero que el colectivo internacional feminista de origen latinoamericano Ni una menoses un movimiento de transformación radical de la sociedad. Este modelo de activismo feminista debe replicarse en todo el planeta, pues pone en juego diferentes espacios de lucha y de vida. Ni una menos ha logrado articular demandas que van más allá de la agenda de género y ha entendido el carácter de transversabilidad de la opresión, esto es, cómo los distintos tipos de violencia contra otras formas de ser de las minorías, se sobreponen y se suman en los cuerpos. En este sentido, es cierto que los cuerpos más oprimidos son los que sufren las consecuencias negativas de todo tipo de política de desigualdad. La transversalidad es un modo de entender el feminismo como una lucha que al mismo tiempo que es global tiene características propias y distintas en cada sector de la sociedad, en los diferentes espacios geopolítico y desde los distintos cuerpos feminizados y gestantes que no puede limitarse a una lógica de demandas puntuales de género. El feminismo debe pensar la autonomía desde los distintos modos de relacionalidad para poder mostrar así no sólo cómo las vidas son interdependientes, sino también cómo nuestras obligaciones éticas de sostener las vidas de los demás se derivan de esa interdependencia. 

Cierre:

En México, el 80% de la riqueza se concentra en el 10% de las familias, de las cuales sólo el 1% acapara más de un tercero. El tiempo está también injustamente distribuido. Según un informe de la CEPAL, las mujeres en México son las que destinan más tiempo para el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Las mexicanas dedicamos aproximadamente el 30% de nuestro tiempo en labores de cuidado mientras que los hombres sólo el 11%. Estos números indican una enorme desigualdad de género. Pero no es sólo ese tiempo el que en nuestro país está dramática e injustamente mal distribuido. La expectativa de vida en México se acorta en las poblaciones económicamente desprotegidas. La falta de agua, de servicios médicos de calidad (o de atención médica a secas), el no acceso a la educación, su mala calidad, salarios que no alcanzan para llevar una vida digna, etcétera. Esto hace que frente a la epidemia COVID-19, en México (y en el mundo neoliberal, ya lo hemos visto) habrá unas vidas con mayor riesgo de enfermar más gravemente que otras. Todo esto nos muestra que en México hay vidas que, como dice Judith Butler, no se valoran como dignas de protección y de salvaguarda. Hay vidas que en México se acortan porque la protección social no las cobija. México es también uno de los países con el índice de feminicidios más alto en el mundo, cada día 9 mujeres son asesinadas sólo por ser mujeres, por su género. México tiene la concentración más alta de población indígena en América y más del 80% de esa población vive por debajo de la línea de la pobreza (dos dólares de ingreso al día). La expectativa de vida es 7 años menos en las entidades con mayor concentración de población indígena, la mortalidad infantil es de 2 a 1 mayor, el predominio de las llamadas enfermedades de pobreza (cólera, paludismo, dengue, lepra, etcétera) es también mayor en estas comunidades.  Y los desparecidos en México que suman más de 36, 000 de 2006 a la fecha, entre ellos, los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. No podemos, y no debemos, olvidar que estas víctimas eran jóvenes mexicanos de piel oscura con rasgos indígenas, estudiantes pobres, estudiantes matriculados en una escuela rural de magisterio. La actuación de las autoridades que los persiguieron y manipularon sus cuerpos indica que se consideraban fácilmente desechables. Como se señala en el informe del Grupo de Expertos: «Los estudiantes de Ayotzinapa ya estaban insertos en una jerarquía de importancia diferencial dentro de un país que debería haber nutrido su potencial en lugar de verlos como personas sin sentido, desechables. Dentro de las estructuras de poder globales, construidas sobre la arquitectura colonial en la que históricamente México ha sido una parte integral, su valor en relación con los blancos anglosajones de ascendencia europea se ve dolorosamente reducido».  Hay vidas que en México se acortan porque no son dignas de ser protegidas o salvaguardadas por razones de género, etnicidad y clase social.

Hoy necesitamos de una crítica de la violencia. Es urgente hacer visibles los mecanismos psíquicos que de manera fantasmagórica e inclusive inconsciente facilitan y operan la violencia sobre cuerpos, comunidades y pueblos específicos. Es imperativo denunciar tantas falsas y peligrosas representaciones de poblaciones para responsabilizarnos y responder sobre los mecanismos de asignación inequitativa de la lamentabilidad. Es una tarea crítica y psicoanalítica urgente para poder construir espacios cada vez más democráticos y cada vez más eróticos en el sentido de complejos y conflictivos, sí, pero no aniquilantes.

Es inaplazable construir argumentos teóricos fuertes de porqué es ética y políticamente nuestra responsabilidad hacernos cargo de toda nuestra alteridad, pues nuestra vida depende de ello. 

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