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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Javier López Alós

¿Qué está aflorando con la crisis del coronavirus en torno a lo común y lo público (balcones, agradecimientos a sanitarios, redes de solidaridad vecinal…)?

Están aflorando muchas cosas, buenas y no tan buenas. Hay un sentido de responsabilidad colectiva, de civilidad, que nos mantiene a la gente en casa. La conciencia de que nuestra existencia se encuentra vinculada a otros seres humanos parece mucho más aguda en esta situación, nos necesitamos mutuamente. Ahora bien, esto tiene una declinación positiva (aplausos, llamadas, ayuda, etc.) y otra negativa a partir del rechazo reactivo de esa interdependencia. Entonces el otro es una amenaza cuya supuesta irresponsabilidad me puede matar. Hay un resentimiento autoritario que busca con ansiedad ocasiones donde vengarse, sea en la red social a través del insulto, sea asomándose al balcón para humillar al que cree que se saltó la norma. Con esto también hay que contar y la mejor forma de reducirlo es la justicia social.

¿Cómo saldremos de esta? ¿Es una suerte de posibilidad de reordenar nuestras sociedades?

Sin circunloquios: no tengo ni idea. Creo que todo está abierto. Me parece entender que las élites mundiales están dividas y las nacionales también, pero que hay posibilidades de una salida justa y que, por eso mismo, tenemos que empujar en esa dirección. No sé si lo lograremos o no; sí estoy convencido de que hay que intentarlo porque, si no es ahora, corremos el riesgo de que entonces sea ya nunca. 

¿Cómo se reconforta la ansiedad en tiempos de aislamiento social? ¿Refleja esto las contradicciones del modelo cultural del neoliberalismo?

Hay momentos de apoyo mutuo, pero me pregunto si la ansiedad no se está reconfortando con las mismas estrategias de compensación que antes del confinamiento, pero ahora con mayor dependencia tecnológica. Somos hiperactivos hasta en el ocio, que consumimos compulsivamente, ahora en forma de series, películas, canciones, videojuegos… En cuanto a la segunda cuestión, el neoliberalismo está atravesado de un imperativo constante de movimiento (capital, mercancías, personas…). En principio, que paren los cuerpos y la producción y transporte de muchas mercancías debiera cambiar las cosas. Sin embargo, los flujos de capital no se han detenido (al contrario) y los de información y datos tampoco. Desde el punto de vista cultural, me temo que todo este nuevo escenario es integrable en el marco neoliberal.  

¿El coronavirus entiende de clases? ¿Y de modelos de familia? ¿Quién se hace cargo de que el “hogar” no siempre es “dulce”?

No, el coronavirus no entiende de nada. El que tiene que entender es el Estado. Y, según parece, el Estado actúa como si no acabara de entender, por lo que al conjunto de la sociedad nos va a tocar insistir, explicárselo, volver este asunto de la desigualdad un tema inevitable al que se vea obligado a responder, no ya por convicción, sino por instinto de supervivencia: si el Gobierno de Sánchez reproduce el esquema de respuesta de Zapatero a la crisis de 2008, correrá la misma suerte.