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Escenarios de futuro: Brais Fernández

¿Qué está aflorando con la crisis del coronavirus en torno a lo común y lo público (balcones, agradecimientos a sanitarios, redes de solidaridad vecinal…)?

En el terreno de lo público lo que está aflorando es un gran esfuerzo de las profesionales de la sanidad, que con los medios colapsados están tratando de frenar una catástrofe. Por lo demás, no creo que haya nada bueno que decir: el sistema de salud está muy tocado por años de recortes y privatizaciones y eso obliga a un sobre-esfuerzo de los trabajadores. Me parece que lo primero no debería ocultar lo segundo. 

En ese sentido, es cierto que han aparecido prácticas de apoyo mutuo que debemos alimentar y cuidar, pero no deberíamos caer en una inflación discursiva que las despolitice. La organización en la sociedad civil está muy debilitada y lo que se ven, más que contrapoderes, son prácticas solidarias consuetudinarias que son fundamentales para que la sociedad no se derrumbe. Lo digo porque debemos evitar la tentación del “sálvese a usted mismo en comunidad”. Hay que salvar a la sociedad cambiando el sistema. Y cada vez tenemos menos tiempo.

Con respecto a salir en los balcones, diferenciaría entre momentos más reivindicativos, como la protesta contra la monarquía corrupta, y otros momentos más terapeúticos, fundamentales para que gente resista en una situación tan difícil. Ambos son igual de importantes y valiosos.

¿Cómo saldremos de esta? ¿Es una suerte de posibilidad de reordenar nuestras sociedades?

Es difícil saber, pero desde luego, pero si no hay movimientos políticos y sociales que respondan pública y colectivamente, saldremos con una sociedad peor: más neoliberal, más autoritaria y más desigual. Ese es el curso natural del capitalismo tardío, lo cual sumado a la catástrofe medioambiental, auguran un futuro bastante terrible, que va a tener poco de elegante decadencia y mucho de turbulenta descomposición. Leía el otro día en una novela de Saul Bellow titulada Herzov, la siguente reflexión: “No, la analogía de la caída del mundo clásico no nos sirve. Esta pasando otra cosa y lo que pasa está más cerca de la concepción de Comte -los frutos del trabajo racionalmente organizado- que de Spengler”.

Pero siempre hay esperanza, porque siempre habrá lucha. Esta crisis será larga pero habrá resistencias. El momento “apocalíptico” siempre abre paso a la posibilidad “mesiánica”. Quizás a medida que se profundice esta racionalización del mundo que nos impone el capitalismo, las respuestas sean distintas. Por eso me parece importante ahora frenar la descomposición de las sociedades y presionar a los Estados y gobiernos para que tomen medidas para paliar la crisis, y así podamos ocuparnos de transformar las cosas y no de pelear por sobrevivir individualmente en lo inmediato.

¿Cómo se reconforta la ansiedad en tiempos de aislamiento social?

La verdad es que no tengo una respuesta clara para eso. Es una situación muy extraña. Los que venimos de la tradición marxista abierta nos encontramos un poco desconcertados. Nuestros conceptos políticos “básicos” se encuentran suspendidos de repente: “Masa”, “manifestación”, “reunión”, son prácticas que sirven para convertir la ansiedad de estar en el mundo y salir del aislamiento. El comunismo es una tradición que trata de construir relaciones en lo que el capitalismo destruye: Marx siempre explicaba que los proletarios sin lucha solo son “fuerza de trabajo”. Supongo que ahora que la hegemonía de la crisis ahora mismo está contenida en el “momento sanitario”, buscamos salidas “aceleracionistas” en el mundo virtual, aunque quizás esto pueda profundizar a medio plazo la ansiedad social, si esto continúa. Por otro lado, no deberíamos olvidar que esta ansiedad social fruto del encierro es el privilegio de una parte de la sociedad: hay mucha gente que sigue yendo a trabajar. Es una situación terrible, mucha de la gente que nos sostiene ve suspendida su condición ciudadana, porque no puede cuidar su salud encerrándose.  

¿Refleja esto las contradicciones del modelo cultural del neoliberalismo?

El neoliberalismo tiene una gran capacidad de mutación y es posible que despues de esta crisis tenga que readaptarse. No creo que le importe mucho renunciar a su retorica anti-estatista. En realidad, es una retorica que siempre ha sido una farsa: el neoliberalismo es la extensión biopolítica de la racionalidad empresarial a través del Estado. ¿Y si entramos en una nueva fase de neoliberalismo de guerra? Todos los poderes que va a concentrar el Estado durante esta crisis (acompañadas de la socialización de las perdidas del capital) van a ser muy difíciles de recuperar. No podemos suspender la política precisamente por eso.

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