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Diario de una cuarentena

El silencio de las calles

Isabel Serrano Durán

El silencio de las calles durante el fin de semana, roto por el sonido de algún vecino en el balcón o los aplausos a las ocho de la tarde, parecía indicar que el confinamiento estaba siendo una realidad. Sin embargo, hoy todo parecía distinto. Las imágenes del transporte público saturado, atascos en las carreteras y testimonios de trabajadores obligados a acudir al puesto de trabajo, nos hacían despertar del ensueño. ¿Cómo vamos a frenar la pandemia si los trabajadores están obligados a ir a los puestos de trabajo? La imagen del trabajador “libre” para acudir o no a su lugar de empleo cae por su propio peso, dejando en evidencia la cruz de la coacción. Todo aquello de la salud comunitaria por encima de la economía, la responsabilidad empresarial o la capacidad del Estado para solventar esta situación, se han convertido en un anhelo compungido. La realidad es que no esta nada claro que dispongamos de mecanismos de resiliencia ante esta crisis. Carecemos de formas que capaciten a la economía, y a nosotros mismos, para la resistencia social, política y económica. Nuestras sociedades no tienen consolidada una seguridad económica básica. La solución viene de la mano, entre otras políticas, de una Renta Básica Universal que permitiese que todas esas personas que hoy subían al cercanías pudieran dejar de correr ese riesgo y de poner en riesgo a sus familias. La Renta Básica Universal podría ayudarnos a frenar la curva y evitar que se clave, como de costumbre, en el centro de los hogares más vulnerables.

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