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Escenarios de futuro: Luciana Cadahia

¿Qué está aflorando con la crisis del coronavirus en torno a lo común y lo público?

Si hay algo que todos estamos presintiendo en el cuerpo y en la psique es que el mundo tal y como lo conocíamos cambiará radicalmente. No sabemos qué nuevo orden mundial seremos capaces de crear. Tampoco sabemos cómo serán las relaciones laborales ni el tejido social. Si bien es verdad que existe el peligro de que el nuevo ordenamiento sea mucho más autoritario y desigual, también es cierto que esta crisis ha despertado un sentimiento generalizado que teníamos casi olvidado: la empatía. Incluso nos descubrimos a nosotros mismos con una mezcla de extrañeza y perplejidad ante el resurgir de manera tan vivaz de este sentimiento. Y esta empatía, este modo de estar junto a los demás, nos ha dado la oportunidad histórica de que el debate por lo público vaya más allá de las fronteras ideológicas entre izquierda y derecha. Tenemos la oportunidad de reactivar los viejos valores republicanos del bien público, la igualdad y la libertad. Si algo ha conseguido este virus es dejar reducido a nada el relato individualista del emprendedor. Hoy, más que nunca, sabemos que para salir de esto nos necesitamos todos juntos. Y este estar todos juntos, este sentimiento de unidad es una extraña oportunidad para hacer pensable materialmente, mediante una palabra pública que trasciende las fronteras nacionales, la pregunta por el sentido de lo común ante la constatación de nuestra fragilidad en el planeta.

¿Cómo saldremos de esta?

Creo que habría que invertir la cuestión. Es decir, la constatación de nuestra fragilidad en la tierra, el hecho de saber que algo tan insignificante como un virus puede acabar con nosotros, nos devuelve una verdad casi olvidada, a saber, que no podemos escapar de la naturaleza. Ahora bien, esto no lo digo con ánimo de ser catastrofista, sino un poco en la línea que tan sabiamente comentaba Villacañas hace unos días: aprender a convivir con la idea de que no somos el cazador sino lo cazado.  Por eso, porque no hay salida, porque somos unos bichos extraños en un mundo que no terminamos de entender se vuelve necesario volver a pensar nuestra relación con la naturaleza de otra manera. Y pensar esta nueva relación con la naturaleza implica abandonar esa vieja idea arrogante de que ella es “un útil a la mano” que podemos disponer a nuestro antojo. Y muy posiblemente el abandono de esa concepción reactive la vieja idea republicana de la naturaleza como bien común, lo cual nos ayudará a comenzar a construir un vínculo no posesivo con lo otro, un vínculo donde la idea del cuidado de lo común sea el punto de partida para relacionarnos con nosotros mismos, las cosas y los demás.   

¿Es una suerte de posibilidad de reordenar nuestras sociedades?

Toda crisis es un desajuste. Por lo general nuestras crisis suponen la alteración o cortocircuito de un determinado orden político o económico. Sin embargo, esta crisis es un desajuste de lo humano mismo. De nuestra concepción de lo humano ante la naturaleza. No digo que estas cuestiones no hayan sido pensadas por la filosofía. Pero una cosa es que hayan sido trabajadas de manera minoritaria por algunos pensadores y otra muy distinta es que esta afirmación haga la prueba de la experiencia. Es decir, que se vuelva una encrucijada común, compartida por todos. La contradicción entre capital y vida nos estaba conduciendo a la autodestrucción de la vida en la tierra. Este virus es una señal de alarma que apunta a esa dirección. La gran incógnita es si seremos capaces de escucharla y aprovechar esta advertencia que viene de nuestros mismos cuerpos. El cuerpo individual y colectivo ha comenzado a manifestarse de un modo que nosotros tenemos que aprender a comprender. Ahí, en el cuerpo, se ha abierto un nuevo umbral de lo humano.  

¿Cómo se reconforta la ansiedad en tiempos de asilamiento social?

Me parece que hay una diferencia entre aislamiento físico y aislamiento social. Ahora mismo estamos experimentando un aislamiento físico que ha permitido un curioso acercamiento social. No obstante, aquí el cuerpo vuelve a expresarse con ansiedades y desequilibrios que todos experimentamos con cierta perplejidad y temor. Creo que estamos haciendo la experiencia de hasta qué punto el neoliberalismo se había hecho carne en nosotros. Digamos que la ansiedad es una especie de efecto colateral, un étox del neoliberalismo. Se necesita mucha paciencia para comenzar a descubrir entre todo ese ruido del cuerpo dónde están las claves anímicas para la emancipación.

¿Refleja esto las contradicciones del modelo cultural del neoliberalismo?

Lo más letal del coronavirus es que ha sepultado para siempre al neoliberalismo. No solo porque ha dejado a flor de piel sus contradicciones, sino porque ya no puede sostenerse por sí mismo. El modelo cultural neoliberal se murió del modo menos inesperado y por eso mismo ahora estamos todos un poco en shock y a la intemperie. Es un momento muy frágil pero interesante al mismo tiempo. Es un momento de reacomodación de nuestras sedimentaciones históricas ante lo acontecido. Estamos en una especie de trabajo de parto inesperado. Estamos pariendo una nueva época de manera abrupta y repentina.

¿El coronavirus entiende de clases?

Lo más curioso del coronavirus es que trasciende la clase, la raza y el género. En ese sentido se trata de un virus bien democrático: ataca a todos por igual. Por lo general estamos acostumbrados a concebir las epidemias como algo remoto en el tiempo o como algo que le sucede a países lejanos y poblaciones pobres. Desde este marco perceptivo la epidemia siempre es algo que le sucede a otro. Pero esta vez, por una razón que no logramos explicar, está atacando a líderes mundiales, figuras famosas o élites de distintos rincones del planeta. Es una de esas pocas veces en la historia de la humanidad donde los poderosos no tienen el control de la situación y se experimentan tan vulnerables como cualquier otro ser humano. Esta vulnerabilidad les permite constatar que esto también va con ellos. Y, aunque parezca una tontería, también despierta en ellos un sentimiento de empatía, ese sentimiento de empatía que por lo general suprimen para poder seguir sosteniendo los mecanismos de desposesión y desigualdad.

¿Y de modelo de familia? ¿Quién se hace cargo de que el hogar no siempre es dulce?

Una de las cosas que más nos preocupa en América Latina es el riesgo de que se disparen los índices de violencia intrafamiliar: abuso sexual, violencia de género, etc. Se vuelve urgente que la tramitación de esta pandemia no desatienda todas las nuevas luchas históricas asociadas con el género, la clase y la orientación sexual. Tenemos que asumir que esto es tan importante como el combate del virus.

2 respuestas a «Escenarios de futuro: Luciana Cadahia»

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