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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Miguel Álvarez y Fruela Fernández

¿Qué está aflorando con la crisis del coronavirus en torno a lo común y lo público (balcones, agradecimientos a sanitarios, redes de solidaridad vecinal…)?

Miguel Álvarez: Junto a las pocas pero muy viralizadas muestras de paranoia y egoísmo, la crisis sanitaria está haciendo aflorar poco a poco partes de aquél tejido social que se movilizó entre 2011 y 2014 con el 15M y sus Mareas en defensa de lo público. Como periódicamente muestran Eurobarómetros y otros estudios, España es uno de los países con mayor conciencia pro-común de Europa, más opuestos a la privatización, aunque a nosotros los activistas organizados siempre nos parezca que toda conciencia es poca.

Fruela Fernández: No soy demasiado optimista sobre el potencial de las manifestaciones públicas que estamos viendo. En buena medida, las balconadas no dejan de ser una variación gesticulante del modelo de compromiso digital, con sus firmas, megustas y reenvíos sin continuidad material. Sin embargo, creo más, mucho más en los vínculos de solidaridad puntuales que se están produciendo dentro de bloques de viviendas, barrios o calles. Y en esta recuperación de tantos lazos que ya teníamos y conocíamos, pero que fácilmente olvidamos con las prisas imbéciles de nuestro día a día. Si algo puede quedar de este encierro, espero que sea esta conciencia de nuestra fragilidad y de la importancia de poner nuestros cuidados en primer plano, por encima de lo que nos exija la actualidad.

¿Cómo saldremos de esta? ¿Es una suerte de posibilidad de reordenar nuestras sociedades?

Miguel Álvarez: La posibilidad de construir una salida progresista o al menos no reaccionaria ante la recesión que se avecina es real y factible. La contraria, también. El momento es de encrucijada realmente abierta. El reto es recuperar social y políticamente esas ideas neokeynesianas que hoy son ya prácticamente dominantes en el ámbito experto, mientras los gurús ultraliberales de antaño se refugian en conventos cada vez más alejados de los centros de decisión, donde prosperan discursos más pragmáticos y apegados a la realidad: la Renta Básica, un nuevo Plan Marshall, un Green New Deal, entre otras que tanto se mencionan estos días. La posibilidad de retomar esa senda sin que haga falta atravesar mayores catástrofes que las que ya estamos padeciendo a nivel sanitario, climático o de desigualdad, para no repetir los peores errores del siglo pasado, depende que que sepamos como sociedad tejer esa matriz de opinión antes de que se desencadenen. De cambiar de rumbo sin necesidad de tocar fondo.

Fruela Fernández: Políticamente, me interesa lo que pueda surgir de este nuevo instante de desenmascaramiento de la economía, en el que la ciudadanía está viendo cómo los defensores de las bajadas de impuestos piden la máxima intervención estatal mientras austericidas y privatizadores reivindican de continuo la sanidad pública… El sistema de ordenación neoliberal se encuentra en uno de sus momentos más bajos y creo que sería decisivo aprovecharlo para movilizar demandas y propuestas alternativas, empezando por una salida de la crisis que no dañe nuevamente a los mismos sectores. Si perdemos esta oportunidad, no me sorprendería que nos encontrásemos ante un contexto de repliegue nacional y autoritario que aproveche para prolongar muchas de las dinámicas de excepción que estamos viendo.

¿El coronavirus entiende de clases? ¿Y de modelos de familia? ¿Quién se hace cargo de que el “hogar” no siempre es “dulce”?

Miguel Álvarez: Amenazas como las pandemias en un mundo hiperconectado globalizado, o la emergencia climática, quizá no distingan clases en el sentido de que amenazan a la humanidad entera sin excepción, como especie, y por supuesto también al beneficio empresarial. Pero sí discriminan en cuanto a sus consecuencias inmediatas: la base de la pirámide económica, la gran masa de precariado global y los grupos sociales encargados del trabajo no reconocido, principalmente mujeres, absorben primero las embestidas en cada nuevo salto de desigualdad. Esto ya fue así a durante el siglo XX pero hoy, en una cultura global acelerada y tensionada hasta la demencia por el dogma turboliberal del individualismo y la competición, la dictadura de la felicidad y el coaching que alimenta la culpa individual ante obstáculos colectivos, quizá la tarea política más urgente sea reconstruir lazos de comunidad. Espacios de vida regidos por modelos de éxito social sostenibles, compartidos, realistas. Mucho más que promover ciertos votos, lecturas, ideas, movilizaciones o consignas. Mejor dicho, quizá generar ese terreno que ponga los cuidados y la vida en el centro sea la condición previa para que hacer posible el intento mismo de lucha para el cambio social. Uno de los más graves errores de la izquierda hasta ahora fue caer a menudo en la trampa del «cuanto peor mejor».

Fruela Fernández: Desde que empezó el confinamiento, llamo a mi abuela dos veces al día. Como siempre, nos reímos mucho; de todas las personas que conozco, mi abuela es la que tiene mayor facilidad para hacerme reír hasta las lágrimas. Siempre se cuela algún recuerdo o alguna anécdota que no conocía, y eso que llevo casi cuarenta años escuchando todo lo que su memoria —tan minuciosa— combina. Si alguna noche me despisto y tardo en llamarla, me dice que ya le extrañaba: “A lo bueno se acostumbra uno fácil”.

Con la mirada puesta en mi territorio vital (Mallorca), me gustaría pensar que la debilidad del sector turístico contribuirá a convencer a más residentes del grave error que supone depender de una actividad tan expuesta a cambios sanitarios, geopolíticos o medioambientales.

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