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Escenarios de futuro

Escenarios de futuro: Guillermo Fernández y Roy Cobby

¿Qué está aflorando con la crisis del coronavirus en torno a lo común y lo público (balcones, agradecimientos a sanitarios, redes de solidaridad vecinal…)?

Roy Cobby: Más que nada, está revelando la fragilidad de los lazos que mantienen a flote la sociedad; especialmente aquellas actividades poco o nada remuneradas como el cuidado de los mayores, la limpieza o la reposición en tiendas y supermercados.

Guillermo Fernández: Lo primero que ha aflorado es la evidencia de la interdependencia, de que nos necesitamos, de que sólo cooperando y cuidándonos podemos salir de esta situación. En ese sentido, el hecho de que sea un virus y no cualquier otro tipo de amenaza, ayuda a igualarnos, a vernos como seres biológicos de una misma especie; y, por tanto, también vulnerables, iguales en la fragilidad. La propia naturaleza del virus y de su extensión impone este marco, que es un marco favorable a una salida comunitaria a la crisis. De ahí que en estos días hayan proliferado las llamadas a lo comunitario y se haya producido una suerte de reverdecimiento del keynesianismo.

No obstante, me preocupa ver cómo en los últimos días la derecha y la extrema derecha españolas están aprovechando el contexto de máxima tensión, de angustia, de confinamiento y de cifras desalentadoras para, en primer lugar, desestabilizar al gobierno hoy, y, en segundo lugar, para preparar los marcos de la post-pandemia. Quieren quitarse de un plumazo a Sánchez y a Iglesias, pero también al feminismo. Por eso están posicionando trending topics en los que se llama al “gobierno criminal”, se le imputan todas las muertes producidas y subrepticiamente se echa la culpa al feminismo de aquellos contagios. La culpa sería entonces de un gobierno que nos mintió y de un feminismo que fue demasiado irresponsable, frívolo y seguidista. Moraleja: aprendamos la lección, ni gobierno de coalición, ni feminismo.

Desde mi punto de vista, es imprescindible combatir desde ya estos marcos, primero porque son moralmente abyectos, y, en segundo lugar, porque tienen una cierta potencialidad de calar en una población que está a la búsqueda de culpables. De modo que, a la complacencia de la izquierda de los primeros días, que pensaba que el keynesianismo sería la salida lógica y de sentido común a la crisis, va a tener que sucederle un momento de gran concentración y movilización para evitar que la derecha y la extrema derecha logren, con métodos bolsonarianos y trumpianos. instalar ideas conspiranóicas, falsas y peligrosas.

¿Cómo saldremos de esta? ¿Es una suerte de posibilidad de reordenar nuestras sociedades?

Roy Cobby: Depende de a lo que nos refiramos con “salir”. Si salir es simplemente una recuperación del crecimiento económico; mientras haya liquidez para bancos y se mantengan en pie empresas clave, se extenderá el sistema económico zombi que arrastrábamos desde la crisis. Si con salir pensamos en construir un sistema económico diferente, lo más importante es recuperar el valor de lo que se construye en común y rechazar las soluciones fallidas de los que propugnan una teoría económica alejada de la realidad.

¿Cómo se reconforta la ansiedad en tiempos de aislamiento social? ¿Refleja esto las contradicciones del modelo cultural del neoliberalismo?

Roy Cobby: Por supuesto. Por mi parte, recomiendo seguir apoyando económicamente proyectos de medios alternativos y defender reformas de los medios públicos para que sean lo más accesibles, democráticos y plurales posibles.

¿El coronavirus entiende de clases? ¿Y de modelos de familia? ¿Quién se hace cargo de que el “hogar” no siempre es “dulce”?

Roy Cobby: Como con el cambio climático, hay que diferenciar entre la amenaza natural y las herramientas que desplegamos para afrontarla. El virus no entiende de clases. Pero las medidas sí. Sin sistemas universales y públicos de salud, sin seguros sociales, sin coordinación del crédito… el desastre sería todavía mayor. Los superricos llevan años preparándose para pandemias o amenazas sociales de este estilo. Pero, como se dice en Estados Unidos, “cada billonario es un fallo político”. Es decir, no tiene sentido que una minoría tenga tantos recursos y una mayoría sea tan vulnerable a la pandemia

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